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 22/07/2018

Titulares:

Margarite帽os optan por ofertas de 鈥渃oroteras鈥 ante inflaci贸n galopante

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Las populares “coroteras” hace ya un buen tiempo que tomaron y se hicieron de un lugar en la mente de todos los margariteños, sean niños, adultos o abuelitos. Y es que todo se consigue en esta especie de garaje: trastos, peroles, enseres usados… pero eso sí ¡a precio de gallina flaca!


Ante la hiperinflación que se acentúa en nuestra nación, sectores de Porlamar y otras ciudades de la entidad insular se han visto atiborrados de bazares improvisados para rematar diversas mercancías. “Lleve línea blanca y repuestos en general, además de buena ropa”, reza un letrero publicitario en uno de estos espacios improvisados.


“¡Ejele! se consigue de todito. Estos días, chico, se me rompió un zapato, ¡uy!, y solucione un par aquí, como nuevo en 20.000.000 bolívares. ¿A dónde voy agarrar con esa pata hinchada, eh?”, alega sonriente Cheo Caldera, comprador habitual de estos cachivaches.


Y es que los precios son realmente módicos. “Aquí vendemos realmente súper económico. Un jeans en la tienda te cuesta más de 100 millones, aquí te lo dejó en 10 millones; un teléfono inteligente lo compras facilito en Bs. 300.000.000, aquí te lo doy por 100.000.000 de bolívares… Mi hijo querido, aquí te lo puedes llevar todo con los ojos cerrados y granizada. ¡Ojo! Cero trampa okey”, afirma estaban Villarroel, comerciante.


Las damas también se solventan con alguito en el ‘compre de todito’. “Sabanas, almohadas, toallas, en fin buena lencería; lo que buscan las amas de casa. Vengo acá y resuelvo… ¡Barato cónchale!”, sostiene Inés del Carmen.


Diario Caribazo pudo constatar que la mayoría de dichos tarantines son operados desde el propio hogar; otros como el de la avenida Juan Bautista Arismendi colindante a la entrada de La Isleta, municipio Mariño, funciona en un terreno baldío tipo estacionamiento.


Sea como fuere, la creatividad, la iniciativa propia, las ganas de surgir y, sobre todo, pero sobre todo, la “necesidad” obligan al pueblo a buscar así sea debajo de las piedras lo más baratico posible. “¡Con hambre no hay pan duro!”, sentenciaron los entrevistados.


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